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La vuelta de Dani Ceballos, las lágrimas de Pablo García y un mercado que deja señalado a Manu Fajardo en la vuelta a la Champions League 21 años después

Ha transcurrido ya más de un día y el ruido de 23:59 horas del 1 de septiembre se ha rebajado. Las llamadas, los ofrecimientos, las inscripciones de última hora y fuera de plazo de Dani Ceballos y esa sensación de carrera contrarreloj que acompaña inevitablemente al cierre de cada mercado han dejado paso a un jueves en el que al Real Betis Balompié le toca mirar con algo más de distancia lo sucedido durante el verano. Y la fotografía, ya en frío, continúa siendo difícil de digerir.

No porque el Betis tenga una mala plantilla. No la tiene. Ni porque todas las operaciones realizadas por la dirección deportiva hayan sido equivocadas. Tampoco. El problema es mucho más profundo: el Betis ha terminado el mercado con una plantilla con mucho talento, pero descompensada; sin generar las plusvalías que necesitaba; empujando salidas por otras que no supo cerrar y proyectando durante las últimas horas una imagen impropia del momento histórico que vive el club.

Porque el año de la vuelta a la Champions League 21 temporadas después no era uno cualquiera.

Había demasiado esfuerzo detrás para que lo fuese. Demasiados años creciendo en todos los estamentos del club, desde la directiva a la dirección deportiva y demasiado trabajo de Manuel Pellegrini y sus futbolistas, demasiada ilusión acumulada en una afición que volverá a escuchar la música de los grandes de Europa. Con eso tampoco se puede jugar. Y el Betis terminó perdiendo el 1 de septiembre algo que no aparece en ninguna hoja de ruta: un poco de la ilusión con la que había llegado hasta aquí y por la que había suspirado en cada segundo del largo verano.

Los buenos fichajes no siempre construyen una buena planificación

Sería injusto resumir el mercado únicamente en sus carencias. La incorporación de Fran García por 3,5 millones de euros fijos aumenta la competitividad en un lateral izquierdo del que salió libre Ricardo Rodríguez y en el que continúa Junior Firpo. El exmadridista aporta profundidad, velocidad y un recorrido ofensivo que puede recordar en determinadas situaciones a aquello que durante años proporcionó Álex Moreno.

En portería, la marcha de Pau López al Andorra dejó paso a la cesión de Diego Conde desde el Villarreal. Y arriba también existe una evidente mejora. Tras las salidas de Bakambu y Chimy Ávila, el Betis hizo una apuesta importante y estudiada por Troy Parrott, fichado por 16 millones fijos, para competir con Cucho Hernández.

También retiene a Antony, Abde, Cucho y Natan. Y ha recuperado finalmente a Dani Ceballos. Y están Isco y Lo Celso. Y Pablo Fornals. Hay futbolistas. Hay calidad. Hay argumentos suficientes para que Pellegrini vuelva a construir un equipo competitivo. Pero una colección de buenos nombres no siempre forma una plantilla bien construida.

Ahí aparece el principal agujero del verano. El Ingeniero manifestó públicamente que necesitaba un mediocentro defensivo. No otro centrocampista. Un perfil concreto. Un futbolista posicional, capaz de cerrar por delante de los centrales y darle al equipo el equilibrio que durante determinados momentos del pasado curso ya se echó en falta. "Necesitamos un medio defensivo y es prioritario en este momento de mercado". El mercado terminó y no llegó. Las no salidas también influyeron en dicha decisión.

La apuesta por Facundo Bernal, incorporado desde Fluminense por una cantidad cercana a los diez millones, puede salir extraordinariamente bien y sus bondades empiezan a constatar el motivo de dicha contratación. Pero a día de hoy es el único '6' natural de la plantilla. Marc Roca puede y sabe desenvolverse en esa posición, aunque él mismo ha reconocido sentirse más cómodo como '8', y el chileno podrá encontrar soluciones circunstanciales dentro de una medular abundante. El riesgo está precisamente ahí. La temporada es larga.

El Betis tiene muchos centrocampistas, pero un sólo pivote natural

Dani Ceballos, Pablo Fornals, Isco, Giovani Lo Celso, Nelson Deossa, Álvaro Fidalgo, Iker Losada o Marc Roca ofrecen diferentes posibilidades para construir, asociarse, llegar o jugar entre líneas. Pellegrini tendrá que repartir jerarquías, roles y minutos cuando todos estén disponibles.

Sin embargo, una lesión, una sanción o simplemente una adaptación más lenta de Bernal al fútbol europeo puede dejar al equipo sin el especialista que Pellegrini consideraba prioritario. Y asumir semejante riesgo en una temporada de Champions resulta difícil de explicar. Como también lo es que no haya llegado un central titular después de las carencias defensivas que el equipo ya mostró en Europa durante el curso anterior.

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Pablo García y el fracaso en el apartado de las salidas

El problema del mercado no estuvo únicamente en aquello que no llegó. También estuvo en todo lo que el Betis fue incapaz de sacar.

Durante semanas existió la necesidad de aligerar una medular sobredimensionada. Iker Losada recibió posibilidades desde Segunda División y desde el extranjero, pero ninguna terminó convenciendo al futbolista. Álvaro Fidalgo tampoco quiso marcharse seis meses después de haber llegado para solucionar una necesidad coyuntural provocada por las lesiones de Isco y Lo Celso. Nelson Deossa recibió también el mensaje de que podía salir después de una inversión importante realizada apenas unos meses antes. Ninguno se fue.

Y conviene recordar algo básico: los jugadores tienen contratos y no pueden convertirse en culpables de que quienes decidieron ficharlos posteriormente cambien de opinión sobre ellos o crean que puede haber una mejora en el corto plazo en dichas demarcaciones.

Por eso resulta inevitable mirar hacia la planificación. Porque aquello que parecía urgente sacar en agosto fue decidido por la propia dirección y comisión deportiva anteriormente.

Y en mitad de ese atasco apareció Pablo García. Al canterano se le había trasladado que podía marcharse si conseguía una oferta próxima a los cinco millones. El Hull City apareció. Pablo quería jugar, quería disponer de minutos y seguir creciendo, aunque quedarse en el Betis tampoco era un problema para un futbolista que ha pasado por sus escalafones inferiores siendo siempre uno de sus principales goleadores.

La operación se retrasó. Tuvo que jugar ante la Real Sociedad porque el equipo necesitaba una alternativa a Antony. Tuvo que jugar ante el Valencia también y se estrenó en la élite dándole tres puntos al Betis con un golazo en el 83’.

Y, finalmente, salió. Y salió llorando, algo que ninguna cifra puede explicar. No porque Pablo García tenga que ser intocable por haber salido de la cantera. Ni porque venderlo sea necesariamente una mala operación deportiva o económica cuando además él tanpoco era reacio a marchar. Los canteranos también se venden, sobre todo en Heliópolis. Los proyectos también obligan a tomar decisiones difíciles de explicar. El problema fueron las formas y el contexto.

El Betis terminó consiguiendo uno de sus pocos ingresos importantes precisamente con el futbolista que sí estaba dispuesto a ayudar a encontrar una solución mientras otros activos del primer equipo permanecían en la plantilla. Y la imagen de Pablo abandonando entre lágrimas la Ciudad Deportiva Luis del Sol construyó un relato devastador para el club.

A veces una operación puede tener explicación financiera y que su desenlace pueda mejorarse en todas aus facetas.

Dani Ceballos regresa al Betis

El peor 'timing' posible al anunciar la vuelta de Dani Ceballos

Y entonces llegó Dani Ceballos. O, mejor dicho, llevaba esperando todo el verano. Y Manu Fajardo trabajando arduamente en ello y convenciéndolo desde mucho tiempo atrás. Nueve años después de su marcha, el utrerano hizo prácticamente todo aquello que el Betis podía pedirle para regresar. Y más. Y esperó. Y rechazó otras posibilidades mucho más suculentas en el plano económico: "A estas alturas de mi carrera lo único que quiero es jugar y sentirme importante".

Se desvinculó del Real Madrid renunciando a cerca de seis millones de euros netos correspondientes a su último año y aceptó realizar otro esfuerzo salarial importante para vestir nuevamente de verdiblanco. Pocas demostraciones de compromiso sentimental pueden pedírsele a un futbolista.

Ceballos demostró durante dos meses cuánto quería volver al Betis. El Betis no supo estar a la misma altura a la hora de anunciar su regreso

Ahí también falló el club. Porque una de las historias más poderosas emocionalmente que podía ofrecer el mercado terminó anunciándose más allá de su cierre, cuando todo estaba ya influenciado por las lágrimas de Pablo García, por las críticas a la dirección deportiva, por el pivote que nunca apareció y por una última noche convertida en un surrealista ejercicio de improvisación.

La imagen resultaba especialmente cruel aun cuando una operación no fuese salarialmente consecuencia directa de la otra ni tuviese influencia alguna: un canterano saliendo entre lágrimas mientras otro canterano regresaba nueve años después a casa. El fútbol vive de esos símbolos. Y un club debe saber interpretarlos. Ceballos merecía otra bienvenida siendo el gran protagonista del fin de mercado.

Merecía que nueve años de espera, una salida dolorosa y un regreso perseguido durante todo el verano desembocaran en uno de esos días que quedan grabados en la memoria colectiva de una afición. Su historia además permitía cerrar una vieja herida. En 2017 quizá nunca existieron realmente héroes y villanos, sino dos partes incapaces de entenderse que terminaron separándose de una manera traumática.

Durante años parte del beticismo señaló al futbolista. Nueve años después, Ceballos ha vuelto demostrando con hechos el beticismo que tantas veces se le cuestionó.

Y ni siquiera su aterrizaje este pasado miércoles en San Pablo estuvo acompañado de la dimensión comunicativa que merecía. Llegó a primera hora para entrenarse inmediatamente, ponerse a disposición de Pellegrini y tratar de estar frente al Real Madrid, pero el club tampoco consiguió convertir ese momento en el gran acontecimiento que debía representar. Puede parecer secundario. No lo es.

Los clubes administran millones, contratos y límites salariales, pero también administran sentimientos. Sus principales activos son futbolistas y aficionados. Hay días en los que las formas importan tanto como el fondo. Y el Betis midió mal demasiadas cosas.

Las plusvalías que no llegaron volverán a llamar a la puerta

Detrás de todos estos problemas existe además una cuestión económica que no desaparece con el cierre del mercado.

El Betis necesitaba generar plusvalías después del déficit del ejercicio anterior y del presente y no lo consiguió. Ha desembolsado cerca de diez millones por Bernal, 16 fijos por Parrott, 3,5 por Fran García y ha tenido que realizar además un esfuerzo para hacer posible el regreso de Ceballos.

Mientras tanto, las grandes ventas no aparecieron. Y el problema de aplazar una necesidad económica es que enero llega muy pronto.

Si el Betis continúa necesitando beneficios importantes, volverán a aparecer inevitablemente los nombres de sus principales activos. Natan, Abde o Cucho Hernández son precisamente algunos de los futbolistas capaces de generar una plusvalía considerable.

El riesgo es evidente: aquello que no se quiso o no se pudo hacer durante el verano podría terminar obligando al club a debilitar la plantilla con la temporada en marcha, siga o no disputando la Champions League.

Hasta el cierre del eterno rival terminó funcionando como espejo incómodo. Que el Sevilla incorporase finalmente a Youssouf Fofana, un pivote que había estado también alrededor del mercado bético, no significa que le arrebatase ningún futbolista al Betis. Pero sí dejó una última imagen difícil de evitar: mientras uno terminaba incorporando un cierre, Pellegrini seguía sin recibir el suyo.

Una dirección deportiva tocada y una ilusión que cuidar

Manu Fajardo queda inevitablemente señalado después de este mercado, aunque la responsabilidad no puede terminar únicamente en su figura ni es justo focalizar todo en una persona. Existe una comisión deportiva que participa en las decisiones y que debe asumir su cuota exactamente igual que comparte los méritos cuando los fichajes funcionan.

El Betis se ha movido bien tradicionalmente en los cierres de mercado. Ha encontrado oportunidades cuando otros no las encontraban y ha demostrado saber desenvolverse en esas últimas horas frenéticas.

Pero una virtud puede terminar convirtiéndose en un defecto cuando se abusa de ella. No se puede dejar sistemáticamente para el último día aquello que durante dos meses no se ha solucionado esperando que siempre salga cara. Esta vez salió cruz.

Y lo peor es que no salió cruz únicamente porque faltase un pivote o porque no llegase un central. Salió cruz porque el Betis terminó transmitiendo caos, porque necesitó presionar salidas a última hora que no se dieron, porque no consiguió las plusvalías que buscaba, porque un canterano abandonó su casa llorando y porque hasta el regreso de otro, convertido en una preciosa historia de reconciliación nueve años después, terminó ensombrecido por todo lo anterior.

Por eso el balance no puede limitarse a colocar nombres en dos columnas y decidir si gustan más los que entraron que los que salieron aunque la mejora sea evidente en varias demarcaciones.

El Betis tiene una buena plantilla. Seguramente una plantilla capaz de hacer una buena temporada. Pero ha hecho un mal mercado. Porque planificar también consiste en equilibrar perfiles, anticiparse a los problemas, saber vender y proteger económicamente el proyecto. Y porque dirigir un club de fútbol implica además entender qué significan una cantera, una despedida, un regreso o unas lágrimas.

El Betis vuelve 21 años después a la Champions. Era el verano para alimentar esa ilusión después de una segunda equipación que fue un pellizco directo al corazón bético. Todo detalle estuvo medido de forma milimétrica para cuidar y convencer a su gente de que el club estaba preparado para acompañar el crecimiento conseguido sobre el césped. Pero el 1 de septiembre ocurrió justo lo contrario.

Durante unas horas, el Betis pareció olvidar que en el fútbol no todo se inscribe antes de las 23:59. Hay cosas que no caben en el límite salarial ni aparecen en una cuenta de resultados. Hay momentos en los que también importa saber cuándo hacer las cosas, cómo hacerlas y qué imagen se proyecta mientras se hacen. El Betis falló en demasiadas de esas tres preguntas durante su última noche de mercado. Y algunas, cuando se pierden, cuestan bastante más recuperarlas. Lo bueno es que el fútbol, el verde, es capaz de diluir todo lo descrito con anterioridad.

Fuente original: www.sport.es →