El Campeonato de Europa de París ha confirmado que la natación artística femenina ya no tiene un único referente ni 'modus operandi'. España se marchó de la capital francesa con el medallero más amplio de toda la competición —ocho metales (un oro, cinco platas y dos bronces), el doble que en la anterior edición continental— y con la sensación de haber consolidado un proyecto que aspira a transformar el deporte más allá del resultado inmediato. El regreso del conjunto ruso, ausente durante cinco años de las grandes competiciones internacionales por la Guerra de Ucrania, devolvió a la piscina a la referencia histórica de la disciplina, pero también evidenció que el ciclo olímpico hacia Los Ángeles 2028 se construirá sobre un duelo entre dos modelos completamente distintos.
La selección dirigida por Andrea Fuentes ha convertido al equipo español en el gran laboratorio creativo de la natación artística mundial. Frente a una tendencia cada vez más orientada hacia la acumulación de dificultad, las largas apneas y la búsqueda constante de elementos extremos, España ha optado por otro camino: reducir el tiempo bajo el agua, proteger la salud de las deportistas y potenciar la expresión artística sin renunciar a la exigencia técnica. Rutinas como 'HOPE', 'La Locura' o la revolucionaria 'Berghain', construidas sobre músicas de Rosalía, Hans Zimmer o NF, simbolizan esa nueva filosofía de la que España ha hecho su identidad.
Los resultados respaldan esa apuesta. España firmó en París la mayor puntuación de impresión artística registrada hasta la fecha: 100,2500 puntos en el equipo acrobático, una cifra nunca antes alcanzada y superior incluso a las referencias que habían establecido China y Rusia en los últimos años. La selección volvió a conquistar sistemáticamente las mejores valoraciones artísticas del campeonato, consolidando una identidad propia que hoy ya es reconocible por jueces, rivales y aficionados.
Las dos grandes escuelas
Sin embargo, el Europeo también dejó claro cuál es el gran reto pendiente del proyecto de Andrea Fuentes. Si España domina cada vez con mayor claridad el apartado artístico, Rusia continúa marcando diferencias en la dificultad técnica. La selección dirigida por la legendaria exnadadora Svetlana Romashina volvió a imponerse tanto en el equipo libre como en el acrobático gracias a rutinas con un grado de dificultad superior, especialmente en las acrobacias, donde llegó a presentar hasta siete puntos más de dificultad declarada que España. La distancia entre ambas escuelas ya no está tanto en la interpretación como en la complejidad de los elementos.
Precisamente el equipo acrobático simbolizó mejor que ninguna otra prueba ese enfrentamiento de estilos. España presentó 'Berghain', la coreografía que Andrea Fuentes define como la más difícil que jamás ha ejecutado el equipo español y que nació tras meses de trabajo de "investigación y desarrollo" en el CAR de Sant Cugat. Con el apoyo del exgimnasta olímpico Víctor Cano en las acrobacias, sesiones de CrossFit para reforzar las estructuras y clases de ballet para perfeccionar la línea corporal, la selección construyó una rutina que rompía con los códigos tradicionales de la disciplina. El jurado respondió con nueve dieces y el récord histórico de impresión artística, aunque los 242,2428 puntos finales no bastaron para superar los 244,8221 de Rusia.
Ese pulso ya había ocurrido también en el equipo técnico el día anterior. España renunció deliberadamente a incrementar las apneas y presentó 'HOPE' como una declaración de principios para el nuevo ciclo olímpico. El ejercicio mejoró incluso la puntuación obtenida en su estreno en la Copa del Mundo de Pontevedra, recibió tres dieces y volvió a confirmar la fortaleza artística del conjunto. Rusia, sin embargo, elevó todavía más la dificultad con 'Romance entre bastidores' y recuperó el título continental. Dos finales, dos platas españolas y un mismo mensaje: la batalla por Los Ángeles se decidirá entre creatividad y dificultad.
El espionaje ruso
La rivalidad vivió además un inesperado episodio fuera del agua. Tras la final del equipo libre, varias integrantes de la selección española denunciaron públicamente que Rusia había incorporado a su ejercicio un híbrido ideado por el cuerpo técnico español para aumentar la dificultad de su rutina en el último momento. Y a pesar de que no existió reclamación reglamentaria, sí levantó una intensa controversia ética que reflejó hasta qué punto el trabajo de Andrea Fuentes se ha convertido en una referencia dentro de la disciplina.
Las propias nadadoras españolas defendieron que, más allá del color de las medallas, quien marca la evolución del deporte es quien innova primero. "Para nosotras es como si estuviéramos liderando la sincro. Nunca antes nos había copiado Rusia, nunca pensé que se interesaría en copiarnos, y eso significa que nosotras estamos delante al pie del cañón", aseguró Iris Tió, la nadadora que se ha confirmado en este campeonato como líder del equipo.
Un histórico oro
La catalana, considerada una de las grandes referencias mundiales tras su extraordinario Mundial de Singapur, asumió el desafío de competir en siete rutinas distintas, una exigencia reservada a muy pocas deportistas. Respondió conquistando el histórico oro en el solo técnico con 'Mio Cristo piange diamanti', de Rosalía, además de sumar otras seis medallas y convertirse en el gran referente competitivo de la delegación española.
Todo ello cobra todavía más valor si se tiene en cuenta el contexto en el que ha trabajado el equipo durante el último año. Dennis González pasó varios meses alejado de la competición tras su operación de hombro y llegó al Europeo tras una recuperación contrarreloj para poder participar en las rutinas colectivas. Además, el campeonato puso el punto final a la trayectoria internacional de Paula Ramírez, capitana de la selección y una de las figuras que ha liderado la transición entre generaciones. La despedida de una referente y la recuperación de otra pieza clave convierten ahora el inicio del ciclo hacia Los Ángeles en un nuevo proceso de reconstrucción.